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Calera de Tango
   
   
     
 

Fecha fundación de la comuna: 10 de enero de 1915 
Calera de Tango, comuna ubicada en la Provincia del Maipo al sur de Santiago, Chile, con una población de 23.113 habitantes (según CENSO 2012).

Es una comuna rural que en estos últimos años ha visto incrementada su población debido a parcelaciones agro residenciales. Avenida Calera de Tango o antiguo camino a Malloco es la principal vía que la atraviesa de Oriente a Poniente. Camino Lonquén es la principal vía en el sentido norte - sur. Su centro poblado de mayor importancia es Los Bajos de San Agustín donde se concentra la población urbana. Dos importantes centros históricos se emplazan en su territorio.

 
     
 

» HISTORIA Y REALIDAD DE NUESTRA COMUNA

 
 

En tiempos prehispánicos a partir del año 1420, ocupan el denominado Valle de Tango grupos indígenas Incaicos, integrando este territorio a su administración. Su influencia tuvo especial importancia en lo que respecta a adelantos en materia agrícola (sistema de regadío formas de cultivos, etc.). Además de un sistema de autodefensa bastante avanzado constituido por una fortaleza de piedra ubicada en los cerros de Chena, denominada " Pucará ".

A partir del siglo XVI, bajo la Administración Española, el territorio comunal pertenece a la Gobernación de Santiago. Estos nuevos habitantes Ibéricos apuntan sus intereses hacia la obtención de riqueza fácil produciendo una intensa explotación minera, desestimando la actividad agrícola lo que produjo que los territorios ocupados hoy por la comuna no fueran muy apetecidos, no existiendo un gran desarrollo en la zona. Durante el siglo XVII, se asentaron en el valle varias congregaciones religiosas, entre las que destaca la de "Los Jesuitas" quienes adquirieron en 1685 la hacienda de la Calera de Tango a los padres Mercedarios. En ella se desarrolló la actividad agrícola y ganadera, impulsada por la iniciativa de construir obras de infraestructura y de diversificar la producción, consistente en chacarería, porotos, lentejas, papas, maíz, viñedos, etc.

Esta actividad se vio reforzada por los talleres artesanales que fabricaban herramientas agrícolas y de carpintería, constituyéndose en una actividad industrial pionera en el país.

 
 
Vista aerea de las construcciones
 
   
 

La instalación de estas comunidades religiosas reafirmó el carácter agrícola de la zona otorgado por los Incas en siglos anteriores, imprimiéndole así funciones que a futuro la caracterizarían. Un hecho importante de destacar es la actividad extractiva realizada por los Jesuitas en los cerros de Lonquén, relacionada con las minas de cal existente en éstos y que fue uno de los productos exportables de la zona hacia el sur del país (Fuerte de Valdivia), constituyéndose más tarde en uno de los elementos que le otorgarían el nombre de la comuna (Calera).

En el siglo XIX, los principales fundos de Calera de Tango se dedicaban a actividades agropecuarias relacionadas con lecherías y cultivos de trigo, cebada, chacarería, existiendo además una industria de pasto prensado. En cuanto a la población en este siglo, se tienen datos del Censo de 1885 en el que aparecen los primeros poblados Caleranos: La Calera clasificado como Villorrio con 679 habitantes y los Lugarejos Tango y Los Bajos con 391 y 640 habitantes respectivamente.  En el Censo de 1895 aparecen los mismos poblados con la misma clasificación del Censo anterior, que contaban con una población de 1.907 habitantes lo que refleja un aumento de poblado de un 11% con respecto al Censo anterior.

Administrativamente en el siglo XIX Calera de Tango era la séptima subdelegación del departamento de la Victoria perteneciente a la provincia de Santiago. Cabe consignar que por decreto fechado el 03 de Diciembre de 1934, se creó esta División Administrativa que distribuyó la Provincia de Santiago en 4 Departamentos, con sus Delegaciones y Distritos. El Departamento de La Victoria contaba con 16 Subdelegaciones y 58 Distritos, y una población de 30.110 habitantes.

A comienzos del siglo XX, la comuna estaba dividida en tres Distritos; Calera de Tango, San Agustín y Santa Inés. Durante este siglo las actividades más importantes, se mantuvieron apareciendo los primeros poblados. En lo referente a las propiedades rurales, estas se empezaron a subdividir con la abolición de los mayorazgos que puso fin al sistema de primogenitura.

Hasta la mitad del siglo XX, la principal actividad fue la lechera, seguida por la agrícola, en especial los huertos, frutales, criaderos de árboles, destacando en este rubro el fundo Santa Inés. En este último decenio ha predominado la actividad frutícola exportadora impulsada por las políticas de desarrollo aplicadas durante la década de los ‘80, lo que le ha restado importancia relativa a otras actividades agrícolas que aún se desarrollan en la zona.

Un decreto de importancia fue el que creó la Villa de Los Bajos de San Agustín, a la que se le otorgó el título por Decreto Supremo del Ministerio del Interior el 17 de Marzo de 1902.

En este sector existían dos fábricas importantes, la Fábrica Nacional de Pólvora, que empleaba entre 200 y 300 personas (donde se encuentra actualmente la Municipalidad) y la Fábrica Nacional de Leche conservada al natural. Este centro poblado ha sido el único que ha alcanzado una mayor jerarquía pues ya en 1939 es decretado como sector urbano con límites concretos. Estos son ampliados posteriormente en 1970 los cuales persistían hasta la formulación del plan.

Los Decretos que crean la comuna de Calera de Tango son los siguientes:

- Decreto de Ley Nº 803, del 22 de Diciembre de 1925, que organizó las comunas del país y que hizo coincidir el territorio comunal con el de la subdelegación.

- Decreto con Fuerza de Ley Nº 8503, del 30 de Diciembre de 1927, sobre comunas de la República, acorde con la nueva estructura departamental establecida por el Decreto Ley Nº 8582, la comuna de Calera de Tango formó parte del departamento de Santiago.

- Decreto Nº 116, del 20 de Enero de 1930, la comuna fue suprimida, quedando repartido su territorio en las comunas de San Bernardo, Peñaflor y Talagante.

- Decreto Ley Nº 5987, del 11 de Enero de 1937, en que la comuna pasó a formar parte del departamento de San Bernardo, creado por la misma Ley.

- Decreto Nº 35 (MINVU), del 14 de Enero de 1970. Fecha de la última modificación de los límites urbanos. Actualmente vigente.

- Oficio Ordinario Nº 121, del 01 de Marzo de 1978, del I.G.M., fueron recibidos los límites oficiales de la comuna.

Y desde el 04 de Noviembre de 1994, la comuna de Calera de Tango quedó incluida en el Plan Regulador Metropolitano de Santiago, manteniendo como área urbana a los Bajos de San Agustín.
El restante territorio comunal, que corresponde a la gran mayoría, se estableció como área de restricción al desarrollo urbano, principalmente como área de uso silvo-agropecuario exclusivo.

 
   
  » CASA CONGREGACION JESUITA CALERA DE TANGO  
 

Las Casas de Calera de Tango, que albergan al convento de la congregación Jesuita, están ubicadas a 15 km. al sur poniente de Santiago, en pleno Valle Central, formando parte de la comuna que lleva su nombre.

Fueron incorporadas al registro de Monumentos Nacionales por su significado histórico, estrechamente ligado a un brillante período de la orden San Ignacio de Loyola en Chile, como por sus características arquitectónicas que la sitúan entre las primeras y más conocidas expresiones de los conjuntos rurales.

Si bien la vida religiosa y la actividad artística influyeron en su concepción y materialización original, ellas marcaron desde sus inicios las labores de una comunidad marcadamente agrícola.

 
   
     
   
  Con el propósito de financiar el Colegio de San Miguel en Santiago y con la finalidad de trabajarlos en su beneficio, los jesuitas adquirieron a fines del siglo XVII varias importantes propiedades rurales como Peñuelas en 1667 y Tringueras en 1672.  En 1863 compraron la Hacienda de la Calera, que hasta ese año perteneciera a los padres Mercedarios. Ubicada a "6 leguas de camino al sudoeste de la capital era agrícolamente pobre, pero de gran interés para los Jesuitas, por los cerros de cal que en ella existían."(l) Los límites de esa época "comienzan a correr desde la punta que cae al camino real que viene de Lonquén para dicha ciudad por la parte de abajo, y por la parte de arriba, con las tierras de la estancia que al presente posee el monasterio de la Virgen de Santa Clara de antigua fundación de dicha ciudad, y en dichas tierras por la parte sur y la del norte con las tierras y cerros que continúan los llanos que vienen de dicha ciudad."

Ya existían en el predio al momento de su adquisición algunas edificaciones de adobe construidas por los padres mercedarios con fines netamente agrícolas, que fueron completadas con nuevas bodegas, y habitaciones para los operarios de las minas. Estas se explotaban con notable maestría y a poco andar dejan tan buenas utilidades a sus propietarios, que a sólo 5 años de su compra, los Jesuitas habían abonado 1.800 pesos a cuenta del valor total que era de 2.100 pesos. Con el propósito de activar las labores de la hacienda, se instala en esta casa religiosa, a parar de 1724, un primer grupo de sacerdotes y hermanos coadjutores de origen bávaro, cuya labor se incremento y diversificó notablemente con la llegada en 1748 de una segunda expedición. Entre los recién llegados se contaban artistas y artesanos que habían sido seleccionados por su probada preparación y calidad, por lo que hicieron de Calera de Tango un dinámico centro artístico y artesanal, con el consecuente desarrollo y aumento de las casas de la hacienda, que incluían talleres de fundición, relojería, mueblería, platería, hilandería, etc.

De igual manera, con la construcción de acequias de regadío que utilizaban las aguas del Río Maipo se aumentó y diversifico considerablemente la producción agrícola, y por tanto, a mediados del siglo XVIII las Casas de Calera de Tango atendían las necesidades tanto de una numerosa comunidad religiosa, como la de su labor evangelizadora, que la orden nunca descuidaba, las artísticas y artesanales, y las derivadas de explotaciones mineras agrícolas. Al producirse en 1767 el extrañamiento de la Compañía de Jesús, la hacienda pasó al poder de la Corona Española, representada por la Real Junta de Temporalidades, que la explotó por el sistema de sucesivos arriendos. Su primer arrendatario, a partir de 1767, fue don Antonio Díaz, quién la remató por espacio de tres años, incluyendo la estancia de Chequén que pertenecía a la Compañía, pero adscrita a la casa de ejercicios de la Olleria. Al término de los tres años, la hacienda fue nuevamente arrendada por el mismo período a Salvador de Trucíos. El tercero fue Julián de Almarza, desde 1774 y por el término de dos años, y en l776 se hizo cargo Lorenzo de la Torre, por el plazo de 6 años.

Ante el deterioro que experimentaron los edificios de la hacienda, como también los cultivos y la ganadería, la junta de Temporalidades decidió su venta dada la alarmante disminución del valor del arriendo. En 1783 se procedió a su remate público, adquiriéndola don Francisco Ruiz Tagle por la suma de 3.000 pesos. Su heredero Manuel Tagle Torrequemada, se hizo cargo posteriormente de ella, circunscribiendo su explotación a labores agrícolas y ganaderas. En el año 1840, la hacienda pasa a poder de don Francisco Ruiz-Tagle Portales y finalmente es legada por éste al presbítero Joaquín Ruíz-Tagle Larraín, quien, a su muerte, hizo entrega en 1912 de la parte correspondiente a las edificaciones y parque a sus antiguos dueños, los Jesuitas.
 
   
   
  A diferencia de los conjuntos rurales de propiedad familiar, que alcanzaron su fase de mayor desarrollo en el siglo XIX, esto había ocurrido casi cien años antes en Calera de Tango. A pesar de las transformaciones y de las mutilaciones de algunos de sus patios, se mantiene la presencia de un vasto conjunto de edificios horizontales, organizados en torno a distintos espacios abiertos interiores, pero que generan una envolvente cerrada al exterior. Las casa presentaban, a fines del siglo XVIII, un frente continuo de más de 200 mts. de largo, hacia la explanada, a la que sólo se abrían los portones del patio principal, de la iglesia y del patio de los hornos que hacía las veces de entrada de servicio.

El trazado estrictamente ortogonal delineaba 11 patios de dimensiones variables: el 1ro. de la iglesia y puerta principal de acceso; el 2do. de las habitaciones de los padres; el 3ro. servía a la matanza; el 4to. servía al obraje de paños, de las bayetas y sayales; el 5to. para la cocina y los hornos de amasijo; el 6to. para los sirvientes y sus familiares; el 7mo. era el de la recogida; el 8vo. era el corral de animales; el 9no. era de platería; el l0mo., patio del batanero, donde estaba el batán; el 11vo. correspondía a la arboleda y gallinero.

El eje norte sur, alineaba los tres primeros patios, que eran los principales, con dimensiones cercanas a 50m. por lado cada uno. La comunicación se hacía a través de los zaguanes ubicados en el centro de los volúmenes, lo que permitía cierta perspectiva desde el acceso hasta el patio de las ramadas, manteniendo al mismo tiempo la privacidad en cada uno de ellos. Rodeado de corredores, el patio de la residencia de los religiosos, con celdas, el refectorio, y la sala capitular, se ha conservado afortunadamente en buenas condiciones. Conviene señalar que las habitaciones no estaban destinadas a una función determinada y todas presentaban un aspecto similar, ya que los escasos progresos técnicos de la industria de esos tiempos no requerían de instalaciones con características propias, sino, solo de una magnitud y ubicación adecuada.

Los lugares de faenas agropecuarias poseen algunas características que las distinguen del resto de las edificaciones, como ser la transparencia de los elementos que la componen, lo que lleva incluida la idea de una mayor relación con el exterior. En cambio las bodegas y demás dependencias que sirvieron para el acondicionamiento de las diferentes mercaderías y útiles, son recintos cerrados por gruesos muros. Su ubicación es también interesante, ya que introduce todo este núcleo a las zonas de cultivo y pastoreo. Jerarquía, orden, ortogonalidad, horizontalidad, patios, corredores, el adobe y la teja, etc. son características que permiten ubicar a Calera de Tango dentro de las construcciones representativas de la arquitectura de las Casas Patronales del Valle Central de Chile.
 
   
   
  A lo largo de sus casi dos siglos y medio de existencia, las casas de Calera de Tango experimentaron el característico proceso de desarrollo y crecimiento por etapas, propio de las casas rurales de la zona central. Se pueden establecer al menos tres: las obras iniciales de mediados del siglo XVIII con la llegada del primer contingente de jesuitas bávaros; las realizadas desde la expulsión de la orden en 1767 y durante el siglo XIX y las ejecutadas en 1936 y 1976. SIGLO XVIII. No se conocen noticias exactas de la iniciación de las obras de la Casa, pero se sabe que ya en 1741 se edifico "un cuarto de 16 varas y otro para guardar aparejos, y que en 1742 se construyó un lugar de 20 varas". Pero es solamente a partir de 1748, con la presencia de los hermanos traídos por el padre Haymhaussen, que se procedió a las ampliaciones que requería el mayor número de actividades y personas.

Un año después de terminadas las 9 habitaciones de los hermanos, se procedió a la construcción de viviendas para los criados. Se completa esta primera etapa en 1761, con la construcción de una panadería, una sala de enfermos, y una bodega para guardar lana; a las que hay que agregar la habitación de la Iglesia, quedando estructurado el núcleo base original del conjunto, que con diversas modificaciones sobrevive hasta hoy. SIGLO XIX. A partir de 1851 se realizaron las primeras modificaciones significativas; a la adición de los corredores en el Patio de la Virgen, aumentando en un metro la altura de los muros de ese bloque de edificios; la edificación de una capilla adosada al costado oriente de la Iglesia, y tres nuevos recintos a continuación de ésta.

En 1890 se realizan algunas construcciones a cargo del presbítero Joaquín Ruíz-Tagle. Un edificio de dos pisos para un colegio de las Escuelas Cristianas de La Salle, y la construcción de una nueva torre para la iglesia, de mayor altura para ampliar el efecto de las campanas. Ambas construcciones evidencian un estilo posterior a las construcciones existentes. Estas transformaciones no alteran el esquema general del conjunto, en el que predominan las construcciones bajas en torno a numerosos patios, y en que los enlazan los diversos sectores de la gran Casa.  "En el año 1926, el convento constaba de un gran claustro que tenía adosado a su costado norte la capilla. Este claustro, sin duda el principal, tenía sus pórticos y corredores sostenidos por pilares de madera labrada que sostenían las soleras. Seguían a continuación dos claustros de menor dimensión y varios patios más pequeños. Es fama que cada uno de ellos albergaba un oficio..."

SIGLO XX. A partir de 1936 se realizaron en Calera de Tango una serie de reparaciones y transformaciones que modificaron sensiblemente las instalaciones, en particular el sector poniente y la capilla. Si bien, afortunadamente en su aspecto planimetrico se tuvo buen cuidado de conservar tanto las formas primitivas como los grandes patios cerrados del núcleo central principal, y de completar otros patios que hasta entonces estaban solamente insinuados. En este sector se reconstituyeron y ocuparon las mismas puertas, ventanas, pilares, rejas, etc. y también se hicieron algunas nuevas con el estilo de la época, sin embargo, lamentablemente también se perdieron algunas piezas de valor. En el nuevo colegio en cambio, se abandonaron todos los conceptos positivos y se proyectó y construyo un edificio que ni en planta, ni espacialmente guarda relación con la residencia jesuita. Todas estas transformaciones, y las de la capilla, que estuvieron a cargo por el Sr. Guillermo Franke, a pesar de las importantes objeciones de orden arquitectónico que puedan merecer, preservaron a lo menos las ruinas de estos edificios, permitiendo la supervivencia de una parte sustancial de este conjunto rural, de singular importancia histórica para las artes en general, y la arquitectura en particular.
 
   
   
  Iniciada la construcción de la Iglesia, paralelamente con la casa, los trabajos para su terminación se activaron notablemente entre 1750 y 1753. A fines del año 1759, se terminaron los muros, se tejó la capilla y la sacristía y su habilitación debe haberse completado un año más tarde. "El frontis de la iglesia es de una composición impecable y de una liviandad poco común en las obras de la época que sólo se explica por los conocimientos de arquitectura del artista bávaro que lo ejecutó. Ostenta una inscripción que data de 1760".

Esta venerable iglesia campesina que pertenece al tipo generalizado de la orden de San Ignacio, de nave única y sin coro, es el volumen dominante dentro del conjunto de las Casas, tanto por la calidad de su portada como por su volumetría. Bloque macizo de 9 muros perforados sólo por el vano del acceso principal que enfrenta la explanada, y por los dos laterales que comunican con el cementerio y con el patio de entrada. Aunque no se conocen antecedentes precisos de en relación a la calidad del equipamiento y de la decoración interior, se estima que contaba con valiosas imágenes, cuadros, ornamentos y objetos sagrados ejecutados en los talleres de la Hacienda. El inventario realizado en 1767 señala que "la iglesia, que es toda fabricada de adobe y tosca, vienen maderada y entablada por dentro. Con su torre de lo mismo y en ella tres campanas; siendo todo nuevo. Como también todas sus puertas que es de tablones, en la que se halla un altar que es el mayor. El cual existe desde la superficie de la pieza, hasta su techo que es donde está colocado el Santísimo Sacramento con dos bultos en sus nichos, el uno de Nuestra Señora del Rosario y el otro San Francisco Xavier..." Alrededor de 1890 se reemplazó el torreón original por una nueva torre forrada en fierro anclado sobre estructura de roble, y su constructor había sido el presbítero Joaquín Ruíz-Tagle.

En los trabajos realizados a partir de 1936, el espacio interior propiamente no sufrió mayores modificaciones. Se repararon los arcos de medio punto en el altar mayor y de los dos laterales, el cielo de madera se cambió por otro similar, los muros se enyesaron y pintaron, el patio de ladrillos fue sustituído por otro de baldosas rojas. Sin embargo se construyo el coro con detalles imitados de las barandas del comulgatorio original de siglo XVIII, y los altares fueron medianamente reemplazados, aunque se les hayan incorporado elementos que pertenecían a los originales. En 1976, a dos siglos de su construcción, el frente principal ha sido acertadamente restituido a sus formas originales. Actualmente el convento sólo puede ser visitado en los sectores más públicos, con previo aviso, ya que sigue albergando funciones de la congregación, ahora además del colegio, alberga los retiros espirituales de los novicios de la orden. 

En el siglo XX se destaca la Fábrica Nacional de Pólvora que exportó a países vecinos el producto de su fabricación. La municipalidad actual eran las casas del gerente y administrador respectivamente.

El Pucará de Chena, antigua fortaleza Inca y la Iglesia de los Jesuitas.

 
   
  » PUCARÁ DE CHENA  
  ALTITUD 950 METROS
Apreciará un modesto grupo de pircas, construido por los incas como fortaleza y cuartel de tropas en los confines de su imperio, que llegaba hasta el río Maule. Esta obra tardía de la civilización incaica fue edificada hacia 1480, sesenta años antes de la fundación de Santiago, en piedra sin labrar. Sus flancos fueron rodeados por dos muros defensivos, que cierran nueve recintos interiores. Las ruinas han sido reconstruidas con gran fidelidad y, en la actualidad, se analiza la restauración total del Pucará.  Esta modesta fortaleza defensiva y administrativa no debe compararse con las grandes obras de arquitectura incaica del Perú. La ubicación del fuerte es estratégica: domina el valle y a los dos únicos vados existentes en el río Maipo, que aún sirven de pasos desde el sur.  Por ahí cruzan la Panamericana y el camino a Lonquén.  La vista desde arriba es maravillosa al atardecer.

Asociado a este Pucará se encuentran dos cementerios incaicos en la ladera sur poniente del cerro.

 
   
     
   
     
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